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Alan García e il suo finto Perú

3 agosto 2006 - Rodrigo Montoya Rojas

La derecha peruana y sus compañeros de ruta que votaron por Alan García
"tapándose la nariz" están muy contentos luego de haber oído su discurso el
28 de julio, al jurar su cargo de presidente de la República por segunda
vez. El llamado "primer piso" de la era neoliberal fue montado por el
gobierno de Fujimori entre 1990 y 2,000 con sus decretos leyes para
privatizar todo, desconocer los derechos laborales, reducir lo público a su
más mínima expresión, instaurar un régimen de corrupción absoluta, controlar
los medios de comunicación comprando con millones de dólares la complicidad
de sus propietarios y violar todos los derechos humanos con la total
participación de los jefes de las fuerzas armadas y policiales y la
complicidad de la jerarquía de la iglesia católica y los más connotados
empresarios.

Luego, el presidente Toledo -de biología andina y cerebro gringo de
Stanford- mantuvo ese primer piso en economía y ofreció "un segundo piso"
para despojar a la llamada democracia peruana de sus errores políticos. Las
cifras macroeconómicas parecen muy buenas: 5.5 % de crecimiento anual al
final de su mandato, los ingresos de las empresas se duplicaron y los
salarios crecieron menos del 3 %.

Alan García prometió un "cambio responsable". Ni un solo de sus decretos
cambiará lo esencial de esos dos pisos neoliberales que ya duran quince
años. A las empresas mineras que tienen extraordinarias ganancias sólo les
ha pedido que entiendan la grave situación del Perú y que ofrezcan
voluntariamente en una "mesa de donantes" algunos millones de dólares más
para "financiar la lucha contra la pobreza". Nada comparable con la decisión
soberana del gobierno boliviano de Evo Morales, quien por mandato de la
multitud organizada en "El Alto" invirtió los términos de distribución de la
riqueza producida por sus hidrocarburos: 82 % para el Estado y 18 para las
empresas. Lo esencial del modelo económico está asegurado. La pregunta es:
¿hasta cuándo?

La clase política peruana tiene una capacidad extraordinaria para imaginar
el país que quiere y para no ver el país tal como es. En este punto, es
plenamente visible el nuevo abrazo de Alan García con sus amigos de la
derecha. En su lógica pareciera que el principal problema del Perú es la
"pobreza". Esta es la tesis y el lenguaje de los Bancos (Mundial e
Internacional de Desarrollo) y de miles de nuevos super especialistas
internacionales y nacionales, en financieras y ONGs. La categoría "pobres"
corresponde estadísticamente a personas que tienen bajísimos ingresos. Nada
más. Con la misma lógica de describir la realidad eludiendo los problemas de
fondo se inventaron los llamados sectores A, B,C,D,E. Como el problema no
tiene solución a la vista es posible que se creen después nuevas categorías
F y G. Bajo el paraguas de "pobres" se esconden diferencias enormes: pobres
son los obreros estables y no estables, los millones de migrantes andinos y
limeñas y limeños expulsados de Lima que trabajan en lo que pueden y
encuentran y viven en los conos de Lima, los campesinos, los profesores de
la enseñanza pública (primarios, secundarios y universitarios). Fue a partir
del desastroso primer gobierno de Alan García que los profesores
universitarios dejamos de recibir un salario decente y nos vimos obligados a
buscar un segundo empleo, a ser taxistas o vendedores ambulantes. Pobres son
los millones de indígenas que en los últimos quince años están rechazando el
Estado Nación, propiedad de la clase política, y entregando sus votos a los
llamados "outsiders" desconocidos como Fujimori, Toledo y Humala. Para el
Sr. Alan García el problema étnico del país no existe. Tampoco habría
relación alguna entre cultura y poder. Por eso no dijo una sílaba sobre el
asunto. Fujimori y Toledo se sirvieron de sus rasgos asiáticos y de los
símbolos étnicos para ganar las elecciones y para nada más. Humala recibió
ese mismo apoyo, pero no hay que olvidar que sólo fue un voto electoral y no
un compromiso político mayor. Con el Primer Congreso de la Coordinadora
Andina de Organizaciones Indígenas, (Cusco, 15-17 de julio) convocado por
las organizaciones ECUARUNARI, de Ecuador, CONAMAQ de Bolivia y CONACAMI, de
Perú, acaba de nacer la primera propuesta política indígena en Perú que debe
ser tomada en serio. Alan García no sabe o no quiere saber que en 16 de las
24 regiones de los andes y la costa peruana, hay una protesta muchísimo más
fuerte de lo que él imagina y que no se trata simplemente de un reclamo de
unos soles o dólares más o menos. La Coordinadora sostiene que en Perú el
Estado Nación ha fracasado y que se requiere de otro Estado.

Para Alan García, la reforma del Estado supone sobre todo inyectar una dosis
de austeridad y moralización para corregir los actuales errores de este
Estado, ajeno a los pueblos indígenas y a los llamados pobres. Ganar la
mitad de los grandes salarios de ayer no cambiará en nada la naturaleza
excluyente del Estado. Como el problema de la exclusión estructural no le
interesa, tampoco Alan García dice una palabra sobre ese punto. Desde la
política alternativa de los pueblos indígenas la exclusión no se resuelve
"integrando" o "incluyendo" a los llamados indios al Estado Nacional como
sostienen los funcionarios del Banco Mundial y sus amigos en los gobiernos,
sino planteando el problema de otro modo y cambiando de Estado. El Sr. Alan
García olvidó en dos meses sus propuestas electorales de volver a la
Constitución de 1979 y rechazar el TLC con Estados Unidos. Si hubiera sido
fiel a estas promesas El Banco Mundial y el BID no le habrían asegurado los
miles de millones de dólares que ya tienen comprometidos para apoyar su
gestión.

La diversidad cultural del país entendida como riqueza, (arguediana metáfora
de "Todas las sangres") no es tomada en cuenta por el nuevo gobierno de Alan
García. Otra vez, los técnicos del Banco Mundial y del BID están más
avanzados que él y su partido porque esa diversidad ya la asumieron como
suya, con una sola condición: que los llamados indios no tengan cuota alguna
de poder propio. Entre 1940 y 1990, tuvo lugar una larga lucha por reconocer
el valor de los pueblos indígenas. Poco a poco, la idea de esa riqueza
cultural fue ganando espacio, comenzando por la música, la cerámica, los
tejidos y, últimamente, la culinaria. Cuando en 1990 se produjo el primer
gran "Levantamiento Indígena" de Ecuador, la primera "Marcha por la dignidad
y el territorio" en el oriente Boliviano y cuando en 1994 apareció el
Ejército Zapatista de Liberación nacional, los estrategas de la política
norteamericana se dieron cuenta de que debían hacer algo para detener esa
insurgencia. El Banco Mundial presta millones dólares al gobierno peruano
que todo el pueblo debe pagar para que sus técnicos propongan proyectos de
desarrollo para los pueblos indígenas. Lo mismo ocurre en otros países de
América Latina. El viejo principio de Lampedusa en "El gato pardo" reaparece
con gran fuerza: "hay que cambiar en algo las cosas para que todo igual". El
reconverso aprista Agustín Haya de la Torre, que en otro tiempo fue de
izquierda, ve el problema de la cultura y el poder en términos de "razas" y
cree que Aníbal Quijano y yo seríamos responsables de una "guerra civil en
el Perú" si defendemos el derecho que los pueblos indígenas tiene a
organizarse políticamente de modo autónomo. Se trata de una grave ceguera
compartida por el conjunto de la clase política peruana que se resiste a
aceptar que los pueblos indígenas tengan voz y poder propios. El reclamo de
otro Estado es el mensaje que 16 de las 24 regiones del país han expresado a
través del 48 % a favor de Ollanta Humala. Ignorar ese reclamo, esconderlo
debajo de la alfombra y presentarlo como una amenaza de guerra civil sigue
siendo uno de los más graves errores de la clase política.

Como ferviente católico, Alan García tiene una estrecha relación con la
jerarquía de la iglesia católica. Por su responsabilidad en la violencia
política de sus años de gobierno (1985-1990) ha buscado un vínculo estrecho
con la cúpula de las fuerzas armadas y policiales (su primer vicepresidente
es un almirante en retiro). Por esas conexiones y por evitar tocar el tema
de su propia responsabilidad no dijo en su mensaje una palabra sobre el
problema de la violación de derechos humanos en el país. La inmunidad e
impunidad de quienes violaron esos derechos y no son castigados estarán
aseguradas el tiempo que dure su gobierno. Conviene recordar que siguen
abiertos procesos judiciales sobre la responsabilidad de Alan García y su
actual primer vicepresidente en la matanza de los presos en los penales de
Lima, en julio de 1986.

Más allá de todos sus discursos y promesas, Alan García tiene dos objetivos
precisos: lavar su imagen y terminar su mandato. Puede asegurarse que
logrará ese primer objetivo en los predios de la derecha y de los Estados
Unidos, pues su gobierno comenzó muy bien en esa dirección, pero será muy
difícil que lo consiga entre las masas indígenas, campesinas y populares del
país. Uno de los grandes logros del régimen de Toledo fue durar cinco años.
¿Seguirá García el mismo camino?

Note:

http://alainet.org/active/12673?=es

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